#Jubilación en Tailandia: historias reales

Un visado de jubilado, una pensión que rinde mucho más que en casa, y un país que de repente tiene que convertirse en una dirección real y permanente en lugar de un destino de vacaciones. Esta página reúne las historias donde la jubilación es la razón por la que el extranjero está en Tailandia: algunos construyeron algo duradero, otros aprendieron por las malas lo que puede costar una jubilación mal planificada. La soledad previa —viudez, divorcio, hijos ya independientes— aparece como telón de fondo en la mayoría de estas historias, más que el clima o el coste de vida.


Historias con #Jubilación en Tailandia: historias reales

Portada: La seguí un día en vez de creerle lo de las visitas familiares. No fue a la estación de autobuses, entró en un hotel con otro hombre.

La seguí un día en vez de creerle lo de las visitas familiares. No fue a la estación de autobuses, entró en un hotel con otro hombre.

Jubilado en Pattaya desde 2017, un polaco de 55 años se enamora de Apple, una chica de bar de 32 con tres hijos que mantener. Durante meses cree ser el único hombre que la ayuda económicamente. Un día decide seguirla en lugar de creerse la excusa de siempre, y descubre que era una entre varios patrocinadores que la mantenían al mismo tiempo.

Portada: Comprobé su pasaporte, sus certificados y años de fotos. Todo encajaba. Me costó 30.000 dólares aprender que eso no bastaba.

Comprobé su pasaporte, sus certificados y años de fotos. Todo encajaba. Me costó 30.000 dólares aprender que eso no bastaba.

A los 57 años, con un matrimonio en paz silenciosa tras la tercera aventura de mi mujer, conocí a Pre en un bar de Nana Plaza, Bangkok. Tenía 37 años, aparentaba 25, y una historia perfectamente verificable: pasaporte, certificados de divorcio, años de fotos en redes sociales. En seis meses le envié 30.000 dólares para su familia, sus estudios y un visado a Dinamarca que nunca llegó a existir.


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